Entre ruidos y murmullos | Opanoticias

Entre ruidos y murmullos




Hace algunos años en el marco de la celebración de la semana santa, me conmovió la homilía  pronunciada por un sacerdote.  No solo a mí creo, porque el templo en pleno lo aplaudió estruendosamente. Fueron  cinco minutos los que duro  su disertación acerca de lo que significa para los seres humanos,  de hoy,  estas efemérides en que se recuerda la pasión y muerte de Jesús. Los aplausos fueron casi de la misma duración.

En resumen el clérigo destacaba que hoy la semana santa es un trasteo. Todos vamos llevando o trayendo nuestra vida sin importar como se transporte. Nos abandonamos a la rutina, al mundo y sus banalidades, pero nos olvidamos de Dios. Que debe ser, según el sacerdote y nuestra fe, el centro de todo. En estos días “santos”, prima el paseo y  la rumba. De la fe muy poco.

Dentro de esa misma concepción, el pasado viernes santo durante la realización del viacrucis, el papa Francisco en un discurso muy sentido, llamo la atención a quienes han  convertido este trasteo religioso en un desajustado afán  guerrerista a nivel mundial. Alcanzo la palabra del pontífice para reconocer los pecados de la iglesia católica a través de  sus sacerdotes pedófilos.

Ha dicho el jerarca católico. "Vergüenza por la sangre inocente que cotidianamente viene derramada por mujeres, niños, emigrantes, personas perseguidas por el color de la piel o por su pertenencia étnica, social, o por su fe en ti", reconoció su “vergüenza por todas las veces que obispos, sacerdotes, consagrados y consagradas hemos herido tu cuerpo, la Iglesia",  en una alusión a los abusos cometidos por curas pedófilos, tema tan complejo como,  pero que el Papa argentino nunca ha evadido.

Francisco abordo el deber de los gobernantes de acabar con los “señores de la guerra”, quienes se lucran de la muerte y “disparan” todas las formas de violencia y maltrato posibles, afectando siempre a los más débiles.

Esa misma vergüenza que siente el Papa, deben sentir en Colombia, los principales promotores de la guerra. Los que quieren que este terruño se desangre como ha sucedido en los últimos sesenta años. Deben sentir vergüenza quienes a diario se roban los dineros de los más pobres. Vergüenza de los que llegan al poder acabando con la dignidad de sus oponentes. Vergüenza de los que trafican con la necesidad de los miserables. Vergüenza, deberían sentir quienes usan el poder para enriquecerse con dineros malditos,  fruto de la corrupción.

Desafortunadamente Colombia navega en ese mar de vergüenza. No nos escapamos de lo que  vive el mundo. No encontramos asomo de aguas impolutas. Casi todas están turbias. Claro aquí también hay curas pedófilos, los que tienen que avergonzarse de sus actos.

Así termina una nueva semana santa. Convertida más en  parranda,  que en una verdadera  reflexión espiritual,  independientemente de creencias  o religiones.

Nuestros  derechos son  inalienables como la dignidad, el respeto y la vida misma.

Sin olvidar  que el centro de todas  las cosas es Dios.