Palabras dichas en una Cruz y que siguen resonando... | Opanoticias



Cuando la Cruz fue fijada en tierra, con Cristo crucificado en ella,  muchos de los judíos que acompañaron el viacrucis,  volvieron a la ciudad, quedando junto a la cruz  tres mujeres y un apóstol, Juan. Esa es la compañía que despide a un hombre que vivió y caminó por la tierra, efectuando milagros y predicando su verdad.

 

Su cuerpo estaba convertido en una sola llaga, escupidas, burlas, una corona de espinas, golpes, ofensas, desnudez, soledad y los clavos. Allí, en medio del dolor y el sufrimiento de todos, Cristo con la muerte subiendo por el Monte Gólgota, saca fuerzas y nos regala siete frases llenas de profundo significado y que dos mil años después tienen un valor extraordinario y son un principio de vida para este tiempo que vivimos, recordémoslas y reflexionemos con ellas partiendo del hecho de como de las siete palabras, tres fueron por el bien de los demás, tres por su propio bien, y una fue común tanto para él como para nosotros. Y esa es la primera enseñanza; su atención, fue primero para los demás. Pensó en sí mismo, sólo al final.

 

 

La primera de estas siete frases es: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. En medio de  horribles ofensas, vituperios, blasfemias, injurias que sus crueles y despiadados enemigos le manifiestan, Cristo vuelve nuevamente al principio del perdón. Cuánta enseñanza encierra esta frase para todos nosotros, pero más para aquellos que, en Colombia, por ejemplo, viven insultando y despreciando las víctimas del conflicto armado; se debería comenzar justamente, hablando del perdón y no de la venganza como reclaman muchos.

 

Para Cristo y los Cristianos, el perdón es el camino a la salvación, “ Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”. Es decir la cruz que lleva a perder la vida del alma y no la del cuerpo; negarse a sí mismo del ego, de la vanidad, del orgullo, del poder, de la intolerancia, del egoísmo. El perdón cuesta, pero al practicarlo hay libertad en nuestras vidas; grandes batallas se ganan perdonando a otros. La clave para ser feliz es perdonar.

 

La segunda frase es: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Es la respuesta de Cristo a la súplica "acuérdate de mí, cuando vengas en tu reino" del ladrón arrepentido. Es el principio de la misericordia y está relacionada con la primera palabra, en el sentido de que el perdón asegura la salvación sin que para ello haya obstáculo en sus pecados anteriores, por la fe que ha puesto en los valores cristianos. Es un perdón sin condiciones, lo hizo enseguida sin echarle en cara los pecados y crímenes que había cometido, tan diferente a la actitud de nuestra clase política, que hace de cada acusación, una oportunidad  para ofender y echar agua sucia a otros, como su mejor defensa.

 

 

Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: “Mujer, he ahí tu hijo”. Después dijo al discípulo: “He ahí tu madre”, estas son la tercera palabra.  Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.  En esta expresión vemos reflejado el principio del amor y la honra. No solo es una preocupación filial, sino que es un acto recíproco, que se interpreta como demostración de que no sólo hay que recibir amor, sino saber darlo sin importar las circunstancias. Y este acto, es una manifestación de humanidad de Cristo. No sólo honrar y respetar a los que nos dieron la existencia, sino a velar por ellos con amor filial, como se debe a quienes nos dieron el ser, nos criaron y nos encaminaron con sus luces y consejos.

 

 

La cuarta frase del Redentor es: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. En este momento, Cristo representa todo el linaje humano,  se hace uno de nosotros y se quiebra ante el dolor y la injusticia. Es tal vez la misma pregunta de un pueblo trabajador y honesto para un Estado, que lo ha abandonado y que cada día lo oprime más.   Estas palabras, proferidas por el Señor adquieren protagonismo al verse desamparado de aquél con el cual había mantenido la más íntima y dulce comunión desde toda la eternidad; revelan la honda tristeza de su alma al sentirse desamparado. 

 

La quinta frase es “Tengo sed”. Se interpreta como la necesidad de dos tipos que sufre Cristo en la cruz. En primer término, de la sed fisiológica, uno de los mayores tormentos de los crucificados. En sentido alegórico, como la sed espiritual de Cristo de consumar la redención para la salvación de todos. No era sed de venganza ni de justicia por las vejaciones que sufría, sino la sed de ver a los hombres reconciliados con Dios mediante la fe en su sangre purificadora y la realización de sus principios. Es la sed de los colombianos de la reconciliación y la convivencia, después de más de 50 años de una guerra fratricida.

 

 

Asumamos el protagonismo de aplacar esa ardiente sed del Salvador – puesto que de nosotros depende el aplacarla- arrepintiéndonos de corazón de nuestros pecados, para de esa manera servir, amar y modelar a Dios durante  lo que nos resta de vida en la tierra.

 

La sexta frase pronunciada por el Salvador es “Todo está Consumado”. Es el grito triunfante del vencedor. Estas palabras manifiestan la conciencia de haber cumplido hasta el final la obra para la que se le había enviado al mundo: dar la vida por la salvación de todos los hombres. Más que una palabra de agonía, es de victoria, "todo está consumado". Es la fidelidad eterna de Cristo hacia su Padre, debemos destacar el principio de la obediencia, pero igual la satisfacción de entregar un trabajo bien  hecho, una obra perfecta.  Mantengamos nuestra confianza en los efectos de esta obra perfecta y gocémonos en nuestra salvación.

 

 

Al final, clamando a gran voz, dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, y habiendo dicho esto, expiró. La séptima y última frase de Cristo en la cruz es de entrega, Él se dejó ir al Padre después de tanta lucha y prueba, todo se había cumplido, sólo quedaba morir, lo que se  acepta con agrado y libremente, pero igualmente, se interpreta como un ejemplo de la confianza que debe tener un cristiano ante la entrada en el mundo espiritual. Esta última palabra nos propone detenernos y reflexionar un poco, de que somos peregrinos y extranjeros y que algún día partiremos de este mundo. Mientras tanto procuremos vivir bajo sus principios, siendo diligentes y manteniendo nuestro testimonio intachable, para de esa manera poder manifestar nuestro agradecimiento por el sacrificio perfecto que Cristo vivió inmerecidamente.

 

*Especial Miguel de León para OPANOTICIAS

*Ilustraciones Cerezo Barredo

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